Estudios Sociales

Colección de Estudios Sociales:

Volumen 10: La violencia doméstica. Informe sobre los malos tratos a mujeres en España (Agotado)

Autores: Inés Alberdi y Natalia Matas


En los últimos tres años (1999, 2000 y 2001) han muerto más de 200 mujeres a manos de su pareja, es decir una media de 70 víctimas mortales al año por agresiones de sus compañeros o maridos.

El estudio "La violencia doméstica. Informe sobre los malos tratos a mujeres en España", de la colección de Estudios Sociales de la Fundación "la Caixa" tiene como objetivo destacar el problema de la violencia doméstica. Inés Alberdi, catedrática de sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid es la autora de este estudio, el décimo volumen de la Colección de Estudios Sociales de la Fundación "la Caixa". Dicha colección tiene como objetivo contribuir al debate, al análisis y a la divulgación de cuestiones de gran trascendencia en nuestra sociedad.

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Resumen del Volumen 10: La violencia doméstica. Informe sobre los malos tratos a mujeres en España

El objetivo de este Informe es llamar la atención de la sociedad sobre un problema muy grave que habitualmente se olvida, la violencia doméstica. La violencia masculina en las relaciones de pareja salta a los medios de comunicación cuando ocurren hechos de extrema gravedad, pero pasa desapercibida en la vida cotidiana, a pesar de que es un fenómeno muy extendido. La sociedad española se muestra ciega ante la violencia doméstica, a pesar del número tan elevado de mujeres que la sufren. Este estudio quiere ayudar a romper el silencio sobre la violencia doméstica y colaborar a que se amplíe el debate y se pongan los medios necesarios para acabar con ella.

El concepto de violencia doméstica incluye todas las formas de maltrato psíquico, de agresión física y de abuso sexual a las que son sometidas las mujeres en las relaciones de pareja; es decir, en las relaciones de matrimonio, de convivencia o de noviazgo. La violencia doméstica "que incluye la violencia física, la violencia psíquica y la violencia sexual" es un fenómeno habitual y cotidiano para un número enorme de mujeres y es necesario que la sociedad española lo conozca.

Las etapas necesarias para acabar con la violencia doméstica son hacerla visible, analizar sus causas, conocer sus manifestaciones, identificarla en la vida cotidiana, evaluar sus dimensiones, tomar medidas para ayudar y proteger a sus víctimas, castigar a los agresores, educar a toda la población en el respeto a los derechos de las mujeres y dar una dimensión política a todo ello.

Los temas que aborda el informe son las distintas dimensiones y consecuencias sociales de la violencia doméstica. Se tratan los orígenes históricos y culturales de la violencia contra las mujeres en las sociedades occidentales; las distintas manifestaciones actuales de la violencia doméstica en España; cómo se desarrolla la violencia doméstica en la vida cotidiana así como los factores que la agravan y las consecuencias que tiene sobre la víctima y sobre el entorno familiar; el tratamiento jurídico de la violencia doméstica en España, su evolución histórica y las actuales etapas del proceso penal; las respuestas que se vienen dando a la violencia desde todos los actores institucionales, como las asociaciones de mujeres y las diferentes instituciones públicas; se ofrece una panorámica de las distintas medidas y servicios que se han puesto en marcha en nuestro país para combatir la violencia; se analiza el tratamiento que dan los medios de comunicación a la violencia doméstica y su influencia en la op inión pública; los debates actuales acerca de la violencia doméstica en España y algunas de las propuestas que actualmente se ofrecen para combatir la violencia doméstica.

La evolución de las actitudes en la sociedad española ha sido muy amplia. Se ha producido una revolución en la manera en la que nuestra sociedad ve el problema. Hasta muy recientemente, la mujer víctima de violencia doméstica era responsabilizada de buena parte de esta violencia. Sin embargo, cada vez está más extendida la creencia de que es preciso rechazar las conductas violentas y apoyar a sus víctimas. Estamos en plena etapa de transición en la que, aunque el patriarcado ha perdido su legitimidad, sin embargo, no ha dejado de tener vigencia. En cierta forma, su resistencia a desaparecer es la que explica la ferocidad de ciertas formas de violencia que se ejercen contra las mujeres.

Características de la violencia doméstica. La violencia contra las mujeres ocurre básicamente en relaciones y contextos de la vida diaria. Un aspecto de la violencia doméstica que queda claro por todos los datos recogidos es el aspecto cotidiano de la misma. No se trata de una conducta ocasional derivada de una crisis o circunstancia pasajera, sino que, mayoritariamente, la violencia contra la mujer es una forma de comportamiento habitual que responde a unas pautas de relación entre el hombre y la mujer que se mantienen durante años.

Las cifras de violencia doméstica no hacen más que aumentar. El número de denuncias y el número de mujeres que acuden a los servicios de ayuda está creciendo en los últimos años. Pero no podemos saber si esto responde a un aumento de la violencia o tan sólo a un aumento de su visibilidad social. Los malos tratos sólo aparecen como dato estadístico a partir del momento en que se declaran estos comportamientos como delito. De ahí la enorme dificultad de saber cómo ha evolucionado en nuestro país la violencia doméstica ejercida contra mujeres. Nosotras creemos que la violencia doméstica no ha aumentado sino que, a raíz de la nueva definición social de la violencia contra las mujeres y de su tratamiento legal, mediático y político, se ha producido un efecto atención que hace pensar en un aumento de la violencia en los últimos años.

Hemos recogido los escasos datos que hay acerca de la violencia de pareja y hemos estimado la importancia de este fenómeno en España. Por una parte, tenemos los sucesos de extrema gravedad: en los últimos tres años (1999, 2000 y 2001) han muerto más de 200 mujeres a manos de su pareja, es decir una media de 70 víctimas mortales al año por agresiones de sus compañeros o maridos. Por otra parte, hemos recabado información acerca de la violencia doméstica habitual, de menor intensidad pero que tiene una extensión enorme y unas consecuencias muy negativas en la salud y el bienestar de miles de mujeres.

Según una macroencuesta del Instituto de la Mujer, realizada en 1999, un 9,2% de las mujeres mayores de 18 años viven en su relación de pareja en situación objetiva de violencia. Esta cifra no es muy diferente de las que encontramos en sociedades cercanas a la nuestra. Según un estudio francés, de similares características al español y realizado en 2000, un 10% de las mujeres de 20 a 60 años sufrían una situación de violencia en su pareja.

El 9,2% de las mujeres mayores de 18 años, del conjunto de la población española, sufren objetivamente violencia en sus relaciones de pareja. Consideramos esta cifra del 9,2% como un Índice de Violencia de Pareja en la sociedad española. Los resultados de esta encuesta reflejan un número muy elevado de mujeres en situación objetiva de violencia en sus relaciones de pareja. Mas de un millón y medio de mujeres se encontraban, en 1999, en relaciones degradadas de pareja, en las que el desprecio del hombre a la mujer, el sometimiento de la mujer y el control de su libertad se ajustan a un modelo de relaciones desiguales, en el que el poder del hombre se une a la idea de la inferioridad de la mujer. Las relaciones de este tipo, identificadas a través de los indicadores de violencia de la encuesta, son una realidad para una parte importante de la población femenina, que hemos estimado en 1.551.214 mujeres. Esta población femenina está sometida a violencia en tanto en cuanto los indicadores a los que respo nde afirmativamente así lo manifiestan, a pesar de que en muchas ocasiones, su situación no se declara como maltrato y es vivida por estas mujeres y por sus parejas como algo natural.

En Francia, a partir de resultados de la encuesta, los investigadores han establecido en un 10% el porcentaje de mujeres que están en situación objetiva de violencia de pareja. A esto lo denominan Índice Global de Violencia Conyugal y estiman en 1.588.400 las mujeres francesas entre 20 y 60 años que han vivido en situación de violencia conyugal en 1999 (ENVEFF 2000). Si comparamos los resultados de la encuesta francesa con la española encontramos bastantes similitudes aun cuando las estimaciones se han realizado utilizando métodos diferentes

Violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja. España y Francia 1999

Índice de Violencia de Pareja en España 9,2% de las mujeres mayores de 18 años
Índice Global de Violencia Conyugal en Francia 10% de las mujeres de 20 a 60 años

Fuente: ENVEFF 2000. Encuesta nacional sobre "Violencia contra las mujeres en Francia" e Instituto de la Mujer 2000, Encuesta "La violencia contra las mujeres".

Aspectos legales de la violencia doméstica. La legislación ha cambiado enormemente en los últimos años, pero todavía muchos jueces y fiscales utilizan insuficientemente los recursos que la ley les ofrece. Hemos analizado las diferentes etapas de la denuncia, el enjuiciamiento y el castigo de los malos tratos y hemos visto las dificultades y los obstáculos a que se enfrentan las mujeres que deciden acudir a la justicia para poner frenos a la violencia de la que son objeto. Las mujeres víctimas de la violencia tienen grandes dificultades para acceder a la justicia. La falta de costumbre de ver la violencia conyugal como un asunto público y castigado por la ley, así como la frecuente dependencia económica y afectiva entre víctima y agresor hacen muy difícil la denuncia.

El proceso legal al que se enfrentan las mujeres víctimas de malos tratos es actualmente muy complejo. Para una mujer no es fácil denunciar su situación. En muchos casos teme la posible reacción de su marido o compañero y también las repercusiones que una denuncia pueda tener sobre él o sobre la familia entera. Está atrapada en una situación subjetiva en la que la denuncia puede no parecer una solución, sino más bien un peligro mayor. Esto ayuda a entender el hecho de que muchas mujeres agredidas acudan antes a teléfonos de socorro y asociaciones de ayuda que a comisarías de policía y que sólo una pequeña proporción de las mujeres maltratadas termine poniendo una denuncia. Se estima que mucho menos de la mitad de los casos reales se denuncian.

Otro aspecto que agrava la situación de estas mujeres y les hace desistir de poner una denuncia es la victimización secundaria, es decir los daños psíquicos y el coste personal que, muchas veces, se origina en el mismo proceso de la justicia, el mal trato que reciben de fiscales y jueces, la desvalorización de sus declaraciones y la escasa reserva respecto de sus datos personales les hacen desconfiar de la vía de la justicia. Además, la duración de los procesos judiciales es enorme; la lentitud de los procesos se hace muy angustiosa en cuestiones como éstas en las que el tiempo es fundamental. Además de que las dificultades para alcanzar una sentencia condenatoria y la levedad de las penas impuestas también son aspectos disuasorios.

Los servicios de ayuda y atención a las mujeres víctimas de malos tratos han evolucionado enormemente. Los servicios públicos de atención a las mujeres víctimas de violencia doméstica y los recursos con los que cuentan dichos servicios han aumentado, pero todavía es necesario una mejora importante de los mismos, sobre todo, en cuanto a la preparación y la formación de los profesionales que trabajan en estos servicios. La conciencia del problema y el mayor conocimiento del fenómeno de la violencia contra las mujeres son enormemente importantes. La formación y la sensibilidad de todos los profesionales "los policías, los médicos, los trabajadores sociales, los jueces etc." así como la buena organización de los servicios que ofrecen, son un instrumento importantísimo para atender y proteger a las víctimas de la violencia.

Existen también numerosos centros de información y ayuda específica para las mujeres víctimas de la violencia doméstica que se reparten desigualmente por la geografía española. La mayoría de estos centros son resultado del esfuerzo de las asociaciones de mujeres, como es el caso de los refugios para mujeres maltratadas. La extensión de estos refugios ha planteado recientemente un debate sobre la forma más adecuada de atender y proteger a las víctimas de la violencia. Hay que tener en cuenta las dificultades para conseguir fondos con que mantener estos pisos, y valorar el tiempo que las mujeres necesitan vivir en ellos para rehabilitar sus vidas. Sin embargo, el debate más profundo acerca de estos centros es el que plantea si ésta es la forma más adecuada de enfrentar la violencia, dado el coste que supone para las mujeres abandonar su hogar y buscar protección amparándose en el anonimato. Resulta algo paradójico que tengan que ser las víctimas las que pierdan la estabilidad y la vivienda como resultado aña dido a las agresiones que sufren.

La labor de las asociaciones de mujeres. No se pueden entender los cambios que se han producido en la legislación y en los servicios de atención social a estas cuestiones sin la labor de activismo social y político que han desarrollado las asociaciones de mujeres en estos años. Son ellas las que han exigido reformas legislativas, han propuesto medidas de intervención a las administraciones públicas, han promovido campañas nacionales e internacionales contra el maltrato y, a la vez, han puesto en marcha programas de ayuda directa en aspectos jurídicos y psicológicos. Han sido las primeras que han abierto y mantenido casas de acogida para víctimas de la violencia doméstica, y han sido las primeras en organizar teléfonos gratuitos de urgencia, que ofrecen asistencia primaria en casos de violencia.

En el ámbito internacional, la Organización de las Naciones Unidas ha sido un instrumento fundamental en la toma de conciencia mundial acerca de la condición social de las mujeres y en el compromiso de las administraciones públicas de la mayoría de los países miembros, que se han visto obligados a tomar una serie de medidas para cumplir, aunque fuera mínimamente, con las declaraciones y los principios que se habían visto obligados a ratificar.